La infancia de Jesús ha despertado curiosidad durante siglos. Más allá de los relatos sobrios de los Evangelios canónicos, los llamados evangelios apócrifos ofrecen historias llenas de prodigios, símbolos y elementos narrativos que han influido profundamente en la cultura cristiana popular. Pero ¿qué dicen realmente estos textos y por qué no forman parte de la Biblia?
Los evangelios apócrifos son escritos antiguos que no fueron incluidos en el canon bíblico, no por censura, sino porque no cumplían los criterios de autenticidad apostólica, coherencia doctrinal y uso litúrgico que la Iglesia discernió desde los primeros siglos.
El Obispo Joseph Toma explica que estos textos pertenecen a géneros literarios diversos, más cercanos al mito, la catequesis popular o la leyenda edificante que al anuncio del Evangelio. Lejos de ser documentos “ocultos”, circularon ampliamente en múltiples lenguas —griego, copto, etíope, arameo, latín y árabe— y gozaron de gran popularidad.
Entre los más conocidos se encuentran:
El Protoevangelio de Santiago, que desarrolla la infancia de María y el nacimiento de Jesús.
El Evangelio de la Infancia, famoso por relatos de milagros del niño Jesús, como dar vida a pájaros de barro.
El Evangelio Árabe de la Infancia, que presenta a Jesús ayudando a José en la carpintería y realizando curaciones durante la huida a Egipto.
Incluso elementos hoy muy presentes en el imaginario cristiano —como el buey y el burro en el pesebre— provienen de estos textos, en particular del Evangelio Apócrifo de Mateo.
Estos relatos, aunque cargados de belleza simbólica y asombro, tienden a presentar a Jesús en un mundo de maravillas continuas, donde el milagro eclipsa el misterio central de la Encarnación: Dios que entra en la historia con humildad, silencio y obediencia.
Los evangelios canónicos, en cambio, optan por el silencio teológico sobre la infancia de Cristo, subrayando que la fe no nace del espectáculo, sino del encuentro con la Palabra hecha carne.
Los evangelios apócrifos pueden ayudar a comprender la piedad popular y la imaginación religiosa de los primeros siglos, pero no sustituyen la verdad revelada. La Buena Nueva no es una colección de prodigios, sino el anuncio de salvación que transforma la historia.
Frase destacada:
La fe cristiana no se apoya en leyendas, sino en el misterio real de Dios hecho hombre.