La catequesis de los hijos no puede reducirse a una hora semanal en la parroquia. Es una tarea compartida en la que la familia tiene un papel insustituible, especialmente en un contexto donde muchos niños crecen sin referencias religiosas básicas.
Una catequista, desde su experiencia cotidiana, advierte la falta de interés real de numerosos padres por la formación religiosa profunda de sus hijos. No se trata de mala voluntad, sino de una falsa suposición: muchos padres creen que la fe se transmitirá “por inercia”, como ocurrió en su propia infancia, sin notar que hoy sus hijos parten casi desde cero.