Cada año, la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor y con ella surge una pregunta clave de la fe cristiana: ¿por qué Jesús quiso ser bautizado si no tenía pecado? El Arzobispo de Cali, Mons. Luis Fernando Rodríguez, ofreció una profunda explicación que ilumina el sentido de este misterio.
Durante la Misa del Bautismo del Señor, Mons. Rodríguez recordó que incluso Juan el Bautista se resistió a bautizar a Jesús, reconociendo su santidad: “Soy yo el que debo ser bautizado por ti”. Sin embargo, Cristo insiste en cumplir la norma “para realizar lo que es justo”.
El Arzobispo explicó que Jesús no se bautiza por necesidad, sino para asumir plenamente la condición humana y dar al bautismo un nuevo significado. Al hacerlo, Cristo transforma un rito de conversión en un sacramento que comunica vida nueva, “una impronta, una fuerza y un dinamismo nuevo en el Espíritu Santo y en el fuego”.
Con su bautismo, Jesús consagra las aguas, de modo que todos los bautizados después de Él participan de esa gracia. Además, en el Jordán se manifiesta claramente su identidad divina: el cielo se abre y se escucha la voz del Padre proclamando: “Este es mi Hijo amado”.
El Bautismo del Señor marca también el inicio de su misión pública. Como Él mismo dirá más adelante, el Espíritu lo ha ungido para anunciar la salvación, liberar a los cautivos y llevar la luz a quienes viven en tinieblas.
El Bautismo de Jesús no solo revela quién es Él, sino también quiénes somos nosotros. Al ser bautizados, participamos de su vida divina y somos llamados a tener “los mismos sentimientos de Cristo”, a mirar con sus ojos y amar con su corazón.
El bautismo no es un recuerdo del pasado, sino una consagración permanente. Como recordó Mons. Rodríguez:
“Dios está con nosotros, está en nosotros y camina con nosotros porque hemos sido consagrados a Él por el bautismo”.