El ayuno cuaresmal suele asociarse exclusivamente con la comida. Sin embargo, la tradición espiritual cristiana ha propuesto formas más profundas de mortificación. San Juan Bosco enseñaba que también se puede “ayunar” mediante el dominio de los sentidos y del carácter.
1️⃣ Un ayuno más allá de la mesa
Fiel a las normas de la Iglesia para la Cuaresma, Don Bosco invitaba a los jóvenes a ampliar la comprensión del ayuno. No se trata solo de privarse de alimentos, sino de ejercer gobierno interior: que el espíritu conduzca al cuerpo, y no al revés.
Su propuesta aparece recogida en las Memorias biográficas, donde exhorta a practicar un ayuno que eduque la voluntad.
2️⃣ Ayunar con los sentidos
Don Bosco proponía un ejercicio concreto de mortificación:
Ayuno de los ojos: evitar imágenes o lecturas contrarias a la modestia y a la fe.
Ayuno de los oídos: apartarse de conversaciones dañinas o murmuraciones.
Ayuno de la lengua: desterrar palabras que escandalicen, burlas hirientes o críticas destructivas.
Este enfoque convierte la Cuaresma en una disciplina integral: cuerpo, mente y espíritu.
3️⃣ Ayunar del mal humor y la queja
El santo también recomendaba:
No quejarse constantemente del frío o del calor.
Soportar contrariedades con paciencia.
Tolerar con caridad los defectos ajenos.
Es un ayuno del egoísmo y de la impulsividad, que fortalece el carácter cristiano.
4️⃣ La fuente de la fuerza: la Eucaristía
Don Bosco subrayaba que el dominio propio no es puro esfuerzo humano. Invitaba a comulgar frecuentemente y con fervor, porque la gracia fortalece el alma y ayuda a que el cuerpo obedezca al espíritu.
La mortificación no es fin en sí misma; es camino hacia una mayor libertad interior.
La propuesta de Don Bosco redefine el ayuno como pedagogía del corazón. No se trata solo de reducir alimentos, sino de purificar miradas, palabras y actitudes.
La verdadera penitencia es aquella que transforma el carácter y educa los deseos.
Cuaresma no es solo privación externa, sino orden interior.
Frase destacada:
El mejor ayuno es aquel que fortalece el espíritu para que el cuerpo aprenda a obedecer al amor.