Llega diciembre y con él la figura del hombre de traje rojo y barba blanca que acapara escaparates y conversaciones. Para muchos padres cristianos, surge la gran duda: ¿Cómo equilibrar la ilusión de Santa Claus con el verdadero sentido del nacimiento de Jesús? Hoy exploramos cómo integrar ambas figuras sin mentir a los hijos y manteniendo el espíritu de caridad en el centro de la mesa.
El artículo nos invita a desmitificar al personaje comercial para recuperar su origen espiritual:
El origen de la generosidad: Santa Claus no nació de la publicidad; está inspirado en San Nicolás de Bari, un obispo real del siglo cuarto famoso por su inmensa caridad. Explicar esta conexión ayuda a que los niños vean en él un modelo de santidad y no solo un repartidor de juguetes.
La evolución del mito: De la figura europea de Sinterklaas (que vestía como obispo y llegaba en barco) al Santa Claus moderno con renos y trineo, la historia muestra cómo la tradición se adaptó, pero siempre manteniendo la idea de dar.
¿Mentir o fantasear? El análisis destaca una postura clara: no se trata de engañar, sino de explicar que Santa Claus es un personaje que representa el espíritu de generosidad de San Nicolás. Se puede fomentar la ilusión sin presentar la historia como una verdad teológica.
El centro es el Niño Jesús: El propósito de los regalos debe ser celebrar el nacimiento de Cristo. Dar obsequios es una forma de imitar el regalo que Dios hizo a la humanidad y de practicar el amor hacia los más necesitados.
Así que.
La Navidad es, ante todo, una historia de amor y entrega. Santa Claus puede ser un "invitado" en la celebración, pero el "anfitrión" siempre debe ser el Niño Jesús. Si enseñamos a nuestros hijos que regalamos porque Dios se nos regaló primero en Belén, estaremos transformando una tradición comercial en una verdadera lección de fe y solidaridad que les durará toda la vida.
Educar en la ilusión no es engañar, es enseñar a ver la bondad que se esconde detrás de los símbolos.
Recuerda: "Podemos darle un hermoso significado al hecho de compartir regalos: ¡el propósito es repartir alegría a todo el mundo como lo hizo San Nicolás!"