Bienvenidos a un nuevo episodio de nuestro podcast, donde analizamos temas actuales desde la verdad, la razón y la fe.
Hoy hablaremos de un asunto que sigue generando debate intenso en todo el mundo:
¿Por qué la Iglesia Católica no reconoce el llamado “matrimonio gay”?
A la luz de una década desde la sentencia Obergefell v. Hodges en Estados Unidos, que legalizó estas uniones a nivel civil, revisamos qué enseña realmente la Iglesia, por qué lo sostiene y cómo dialogar con claridad y caridad sobre este tema.
1️⃣ La sentencia que cambió el panorama civil
En 2015, la Corte Suprema estadounidense redefinió el matrimonio a nivel legal para incluir a parejas del mismo sexo.
Hoy, en ese país, casi un millón de parejas están inscritas bajo esa categoría.
Sin embargo, la definición civil del matrimonio no cambia la definición sacramental.
2️⃣ ¿Qué enseña realmente la Iglesia?
La Iglesia, desde sus orígenes, enseña que el matrimonio es:
? La unión exclusiva, indisoluble y permanente entre un hombre y una mujer.
? Está ordenado al bien de los esposos y a la generación y educación de los hijos.
El Catecismo lo expresa claramente: el matrimonio se da cuando “el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida” y está orientado a la vida.
San Agustín ya lo explicaba hace siglos con las tres “bienes del matrimonio”:
1. La prole,
2. La fidelidad,
3. El vínculo sacramental.
3️⃣ ¿Por qué no puede existir el “matrimonio gay” según la Iglesia?
Para la Iglesia, el matrimonio no es una construcción cultural ni una etiqueta social.
Es una realidad natural con bases antropológicas y biológicas:
✔ Unidad
✔ Indisolubilidad
✔ Apertura a la vida
Estos elementos solo pueden darse en la complementariedad hombre–mujer.
El profesor John Grabowski lo explica así:
“Decir ‘matrimonio gay’ es como llamar cuadrado a un círculo”.
No es una cuestión de discriminación, sino de realidad ontológica:
la unión sexual entre dos hombres o dos mujeres no puede realizar el significado esponsal del cuerpo ni la apertura natural a la vida.
4️⃣ ¿Y qué hay de las parejas heterosexuales infértiles?
La Iglesia permite su matrimonio porque la estructura de su unión sigue siendo apta para la vida, aunque esta no llegue biológicamente.
Lo que no se permite es el matrimonio para personas con impotencia permanente, porque impide la consumación.
La diferencia es esencial:
? La infertilidad es una limitación accidental.
? La imposibilidad de complementariedad sexual es una realidad esencial.
5️⃣ ¿La batalla política está perdida?
Algunos líderes católicos han sugerido no luchar en el campo legislativo de momento, sino concentrarse en la educación y el testimonio.
Sin embargo, otros recuerdan que el objetivo último es restaurar leyes conformes a la verdad sobre el ser humano.
La Iglesia entiende que aunque un país legisle, la verdad natural no cambia.
El debate sobre el matrimonio no es, en el fondo, un debate sobre derechos civiles.
Es una conversación profunda sobre:
✔ la naturaleza humana,
✔ el significado del cuerpo,
✔ la vocación al amor,
✔ y la verdad sobre lo que somos.
La Iglesia no niega dignidad ni respeto a nadie.
Pero tampoco puede renunciar a la verdad que ha recibido, una verdad que no inventó:
que el amor conyugal es, por diseño del Creador, complementariedad, entrega total y apertura a la vida.
En tiempos donde la confusión reina, la claridad se vuelve caridad.