Hoy hablaremos de un tema sensible y urgente: la creciente fascinación por la adivinación, el espiritismo y la invocación a los muertos, prácticas que —aunque a veces se presenten como inofensivas— alejan del camino cristiano y abren puertas que no deberían abrirse.
En Medellín, Colombia, el Arzobispo Mons. Ricardo Tobón Restrepo ha lanzado una advertencia clara ante la popularización del espiritismo y la necromancia, especialmente tras la realización de un Festival Popular de Brujería en su ciudad.
El prelado explica que en el ser humano existe una inclinación natural hacia lo misterioso. Pero esa sed espiritual ha sido aprovechada por los promotores del espiritismo moderno, que sostienen la falsa idea de que es posible comunicarse con entidades espirituales desencarnadas, aceptar la reencarnación y mezclar creencias religiosas con conceptos pseudocientíficos.
El Arzobispo advierte que la forma más grave de adivinación es la necromancia, es decir, invocar a los muertos para obtener respuestas sobre el futuro o sobre asuntos de la vida. Esta práctica, enseñada por autores como Allan Kardec, niega elementos fundamentales de la fe cristiana:
La existencia de un Dios personal
La obra redentora de Cristo
Y la acción de la gracia
Además, explica que estas sesiones suelen mezclar elementos cristianos con supersticiones y brujería: desde amuletos y sahumerios hasta oraciones descontextualizadas e imágenes de santos utilizadas indebidamente.
Los fenómenos que se dan en estas prácticas —levitación, escritura automática, movimiento de objetos o comunicación aparente— no provienen de espíritus, aclara el arzobispo, sino de efectos psicológicos, magnetismo humano o simples trucos.
Pero aunque muchos de estos fenómenos tengan explicación natural, sus consecuencias espirituales y emocionales pueden ser serias:
Confusión
Miedo
Alienación
Desorientación moral
E incluso afectaciones mentales, sobre todo en jóvenes
Por eso, el Arzobispo recuerda que desde el Antiguo Testamento, Dios ha condenado con claridad estas prácticas, no por capricho, sino porque alejan al ser humano de la verdad y lo exponen a engaños que distorsionan la fe y la relación con Él.
En tiempos donde lo espiritual parece mezclarse con lo esotérico, necesitamos discernimiento.
El deseo de conocer el futuro o contactar a quienes ya partieron revela a veces una herida profunda: el miedo, la incertidumbre, la falta de esperanza.
Pero la fe cristiana nos invita a mirar hacia Cristo, no hacia las sombras.
Él es el único camino seguro, el único que responde nuestras preguntas más profundas y el único que puede sanar nuestras inquietudes.
Buscar fuera de Dios lo que solo Dios puede dar es, al final, una forma de extravío.
Te invito a permanecer atento, a cuidar tu vida espiritual y a elegir siempre la luz sobre cualquier oscuridad disfrazada de sabiduría.
“El Evangelio nos libera de las sombras del engaño y nos conduce a la única verdad que da vida.”