¿Falta de vocación o agotamiento? El síndrome de burnout en los sacerdotes

 Muchos sacerdotes se entregan con todo al servicio pastoral: misas, confesiones, visitas, acompañamiento espiritual… pero ¿qué pasa cuando el cansancio supera las fuerzas?

Algunos llegan a pensar que ya no tienen vocación, cuando en realidad están agotados emocional y espiritualmente.
Hoy, en Católicos, algo que saber, abordamos un tema urgente dentro del clero: el síndrome de burnout o agotamiento sacerdotal, que puede confundirse con una crisis vocacional.

El sacerdote mexicano P. Mario Adán Moreno Madrid, de la Diócesis de Obregón, decidió investigar este problema y escribir el libro El síndrome de burnout en el ministerio sacerdotal.

Según explica, muchos sacerdotes llegan a sentirse “defraudados, como si hubieran fallado en su vocación”, cuando en realidad están experimentando los efectos del burnout, un trastorno reconocido por la Secretaría de Salud de México como un estado de ineficiencia laboral, fatiga e indiferencia causado por el estrés continuo.

El P. Moreno identifica tres dimensiones principales del agotamiento sacerdotal:

1️⃣ Agotamiento físico y emocional
Ocurre cuando el sacerdote está sobrecargado de trabajo y ya no tiene recursos para responder. Se siente sin fuerzas, sin entusiasmo, y puede caer en una rutina vacía.

2️⃣ Despersonalización
Aparece cuando el sacerdote comienza a alejarse de la gente, evita el contacto con los fieles o incluso reacciona con impaciencia o enojo.

“No estamos hablando de un terreno moral, sino psíquico”, aclara el autor. “La mente empieza a rechazar lo que le demanda más esfuerzo”.

3️⃣ Falta de realización personal
Aquí surge una sensación de baja autoestima y frustración. El sacerdote puede pensar: “No sirvo para esto”, o “ya no tengo vocación”.
Pero el P. Moreno insiste: no es falta de llamado, sino sobrecarga y cansancio no atendido.

? Síntomas físicos
El burnout también se refleja en el cuerpo: dolores de cabeza, gastritis, colitis, arritmias, manchas o erupciones en la piel.
Todo esto, advierte, es una señal de alarma que no debe ignorarse.

“El problema es que no se conoce el síndrome ni se saben interpretar los síntomas. Muchos piensan que están perdiendo su vocación, cuando solo están agotados”, señala el sacerdote.

? Cómo enfrentar el burnout sacerdotal
El P. Moreno propone tres claves esenciales:

    La oración constante, especialmente ante el Santísimo Sacramento.
 
 
“Jesús dijo: ‘Vengan a mí los que están cansados y agobiados’, y eso incluye a los sacerdotes”, recuerda.

    Una vida equilibrada: descanso, buena alimentación y tiempo personal.

    Comunidad y amistad sacerdotal:
 
 
“Es fundamental tener amigos sacerdotes, compartir, convivir, descansar juntos. Nadie puede sostenerse solo.”

Su libro El síndrome de burnout en el ministerio sacerdotal —disponible en librerías de Buena Prensa en México— busca ayudar a los sacerdotes a reconocer y sanar este desgaste antes de que afecte su vocación.

El cansancio no significa falta de vocación.
Incluso los pastores necesitan ser cuidados, escuchados y fortalecidos.
Reconocer el burnout no es debilidad, sino un acto de humildad y amor propio, que permite seguir sirviendo con alegría.

Jesús también se retiraba a orar, descansaba y buscaba momentos de silencio.
Si el mismo Señor lo hizo, ¿cómo no lo van a necesitar sus sacerdotes?

Recemos por nuestros sacerdotes, para que encuentren siempre en Cristo la fuerza para continuar su misión con paz y esperanza.

“No es falta de vocación; es un corazón agotado que necesita volver a descansar en Dios.”