¿Cómo evitar la “paganización” de la Navidad

Cada año, la Navidad corre el riesgo de diluir su sentido más profundo entre decoraciones, consumismo y tradiciones que poco tienen que ver con el nacimiento de Cristo. Frente a este fenómeno, el P. Fernando Barrios, sacerdote jesuita, advierte sobre la creciente “paganización” de la Navidad y propone volver al centro de la celebración cristiana.

Según el P. Barrios, la paganización de la Navidad se manifiesta cuando los símbolos propios de esta solemnidad cristiana son reemplazados por elementos puramente comerciales o estacionales, sin referencia alguna al Niño Jesús, a la Virgen María, a San José ni al acontecimiento de Belén.

Desde meses antes de diciembre, los comercios promueven decoraciones consideradas “navideñas” —muñecos de nieve, trineos, luces, árboles artificiales y motivos invernales— que, además de ser ajenos a muchos contextos culturales, carecen de todo vínculo con el misterio de la Encarnación. Esta tendencia, señala el sacerdote, no es exclusiva de la Navidad, sino que afecta también a otras celebraciones religiosas como el Día de Acción de Gracias o incluso la Pascua de Resurrección, donde el centro del acontecimiento cristiano queda eclipsado por símbolos secundarios o meramente decorativos.

Frente a esta pérdida de sentido, el P. Barrios subraya la importancia de la liturgia como el lugar privilegiado donde la Navidad se vive en plenitud. La Iglesia ofrece cuatro Misas distintas el 25 de diciembre —Vigilia, Gallo, Aurora y Día—, cada una con oraciones y lecturas propias que permiten actualizar el misterio celebrado.

Los prefacios de Navidad, Epifanía y Bautismo del Señor explicitan la pedagogía divina: Dios se vale de lo visible, Jesucristo hecho hombre, para conducirnos a lo invisible, su vida divina. En ellos se proclama que el Hijo eterno asumió nuestra fragilidad humana para hacernos partícipes de su vida inmortal.

Recuperar el sentido cristiano de la Navidad no implica rechazar toda expresión festiva, sino ordenar los signos para que Cristo vuelva a ocupar el lugar central. Cuando la liturgia y el Nacimiento están presentes, los demás elementos encuentran su justa medida y su verdadero significado.

Celebrar la Navidad cristianamente es permitir que el misterio de la Encarnación ilumine cada gesto, cada símbolo y cada encuentro familiar.
Sin el Niño Jesús, la Navidad se convierte en una fiesta vacía de su razón de ser.